Joyce Carol Oates
Es un relato autobiográfico de todo el proceso que vivió la autora cuando murió su marido en el año 2,008. El libro está escrito con mucha naturalidad, con una apertura que va más allá de las fronteras de lo que se espera en una escritora: su franqueza desarma, sobre todo si se considera que es una figura pública de gran embergadura. El dolor, la desesperación de la pérdida, la soledad y la culpa, son ingredientes que la autora esculpe de una manera maravillosa. Leerla es escucharla hablar en voz alta; como una amiga que siempre ha estado ahí para abrirnos las heridas de su corazón y nosotros, sus lectores, amigos fieles que la escuchan y la dejan ser. El libro también está sapicado de anécdotas sobre la vida en común con Ray, su marido difunto. “La viuda” es una palabra que usa casi en términos despectivos, quizá derivados de la falta de conocimiento del ser humano ante la vivencia personal de una tragedia.
Es fácil derivar su luto hacia las cuatro fases que tan bien nos ha dejado plasmados Elizabeth Kübler-Ross en su experiencia con enfermos terminales y sus familias: la negación, la ira, la depresión, y finalmente, la aceptación.
A pesar de que la muerte es un tema que produce temor, el libro de Oates puede ser muy esclarecedor para aquellos que están viviendo un duelo. Seguramente se sentirán identificados con muchas de las experiencias subjetivas de la autora. Y para aquéllos que no hemos pasado por una experiencia tan demoledora, nos permite tomar clara conciencia de un evento que por traumático, puede modificar una vida hasta las raíces de su propia humanidad.
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