Ian McEwan
En la primera parte nos encontramos con un relato (novela) contado en tercera persona por un narrador omnisciente (Briony), que es a la vez personaje protagonista. Observa la realidad y nos describe determinados hechos desde diferentes puntos de vista. Nos muestra una familia burguesa inglesa poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Un padre funcionario y ausente, una madre con jaquecas, desencantada y retirada de responsabilidades, la hija mayor Cecilia con ganas de marchar de ese ambiente aburrido, y ella misma, Briony, la pequeña fantasiosa y con ínfulas de escritora… El tedio de la casa en el campo, la tranquilidad, la naturaleza y los protagonistas se van dibujando con un estilo recargado, minucioso y excesivo. La llegada de nuevos personajes a ese escenario va a alterar la tranquilidad. Ocurre un desagradable incidente que va a cambiar la vida de todos ellos, sobre todo la de Robbie, hijo de una de las sirvientas de la casa.
La segunda parte, narrada con un estilo totalmente diferente está ambientada en la retirada de las tropas inglesas del norte de Francia. Huyen de los alemanes y tratan de llegar a Dunkerque. Entre ellos está Robbie. Son escenas narradas con una viveza y minuciosidad cinematográfica. Al horror con el que se va encontrando sobrevive gracias a sus recuerdos y a la ilusión por volver con quien le espera. Esos recuerdos nos van completando lo sucedido en la primera parte.
La tercera es la vida de Briony en un hospital de Londres al que llegan las víctimas de la guerra. Son también escenas terribles, de dolor y de entrega. La barbarie de la guerra la vemos a través de sus consecuencias, sin necesidad de asistir a las batallas. El recuerdo, el sentimiento de culpa y el ansia de expiar una fatídica decisión la completan.
Por fin, unas páginas finales en las que Briony, ya anciana, explica la redacción de lo leído, las razones y su opinión sobre la escritura. Es un final emotivo, que termina con el mismo comienzo, la representación de “Las tribulaciones de Arabella”, drama escrito por aquella niña (Briony) que nunca se había representado.
Además de la historia en sí, una historia de amor, la novela es una reflexión sobre la escritura desde el principio al final. Hay numerosas citas sobre escritores a lo largo del libro: Jane Austen, Conrad, Eliot, Auden, Dickens, Virginia Wolf… Y el autor hace una crítica (en voz de una revista literaria a la que Briony había enviado el manuscrito) en la que no salen bien paradas esas primeras páginas, a las que tilda de recargadas y lentas (lo que siente el lector). Al final escribe: “¿Cómo puede un novelista alcanzar la expiación cuando, con su poder absoluto de decidir desenlaces, ella es también Dios?”.
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