Julia Alvarez Zablah
Un libro como Los cristales de mi ventana contiene tanta reflexión personal y vida, que es para leerlo con calma, de la misma forma en que se degustan los placeres refinados; pero no pude dejar de meterme de lleno en sus páginas y sorprenderme al descubrir la naturaleza humana de Julia, y por eso mismo leí su obra en un día.
El libro de Julia es intimista, casi una especie de diario; su historia personal la cuenta con lujo de detalles, con una prosa lírica que sumerge al lector en su propia mente, casi dejándose arrullar por sus palabras. En su imaginación, vuela, es libre, honesta. La constante de su vida es la fé en Dios y la confianza en que Él le confiere sentido a su existencia. Ama el silencio, porque ahí se conecta con su ser; en él se sumerge y una voz (la propia) le dicta las palabras. La escritura es su redención, una forma de catarsis que la imbuye en su interior para reflejarse al exterior. “La ausente” la nombraron desde niña, porque ella en el silencio se encuentra, sin embargo, piensa, escucha, reflexiona. Como todo ser humano, ha conocido la tribulación y las dudas inherentes a ellas; la diferencia en cada uno es cómo sobrelleva su vida y Julia optó por hacerlo con una entrega absuluta, en la certeza total de que Dios siempre la guía y le da consuelo. El calor de su familia es manifiesto; la amistad para ella es sagrada, como todo aquéllo que la circunda. Octubre pareciera ser su mes preferido y nos habla de las pizcuchas que se elevan al cielo… de la misma forma en que su alma busca las alturas.
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